El Ministerio de Salud libanés anunció el martes la primera muerte en el país de un paciente afectado por el coronavirus. Se trata de un varón de 56 años que supuestamente contrajo la Covid-19 durante un viaje a Egipto. El pasado viernes, el ministro de Salud, Hamad Hassan, advirtió de que Líbano no había logrado contener el virus y por tanto el país ha entrado en la fase de propagación. Desde entonces, los casos identificados como positivos han doblado pasando de 20 a 41 y confirmado la expansión fuera de la capital, Beirut. El Ejecutivo libanés ha ordenado el cierre de guarderías, colegios, universidades, bares, gimnasios, cines y otros lugares de encuentro públicos hasta el próximo 14 de marzo.

“Líbano no está preparado para un brote que puede adquirir dimensiones inesperadas y desastrosas dada la coyuntura que atraviesa el país y su situación geográfica”, valora un trabajador de una ONG internacional que pide el anonimato. El país levantino entra en su quinto mes de protestas antigubernamentales al tiempo que atraviesa una de las peores crisis económicas desde su fundación en 1943. El primer ministro, Hasan Diab, anunció este sábado el primer impago de deuda externa de Líbano. Antes de que se detectara el primer caso de coronavirus el pasado 20 de diciembre, la agrupación de hospitales libaneses ya hizo saltar la alarma al afirmar que tanto el equipamiento médico como los fármacos empezaban a escasear en sus salas al no poder hacer frente a nuevas importaciones por la falta de divisas.

“Si el brote se expande en el país, necesitamos la ayuda de organismos internacionales para hacerle frente”, dice también desde el anonimato un funcionario del ministerio de Salud libanés. A la escasez de divisas y de material médico se suma una sanidad pública deficiente. El 82% del sector sanitario en Líbano reposa sobre el sector privado, según datos de Human Rights Watch. Y cada día son más los ciudadanos que no pueden hacer frente al pago de los seguros médicos privados al perder su puesto de trabajo o ver reducido a mitad su salario debido a la crisis. “Por ahora, los hospitales privados han rehusado admitir casos de coronavirus temiendo que afecte el flujo de pacientes y por tanto sus ingresos”, admite esta misma fuente tras precisar que “eso puede cambiar si los casos aumentan”.

Tan sólo un hospital público, el de Rafic Hariri de Beirut, está capacitado en todo el país para admitir a pacientes afectados por la Covid-19 con una capacidad de 128 camas para casos de gravedad media, y 11 en estado grave, según palabras del representante de la Organización Mundial Para la Salud en Líbano (OMS), el doctor Iman Shantiki, en declaraciones recogidas por el rotativo libanés Daily Star. Al menos un paciente de origen iraní, de 77 años, se encuentra ingresado en estado crítico.

“No tenemos personal, ni material para identificar del virus o medios suficientes para atender una avalancha de pacientes”, admite un desbordado enfermero en el Hospital Rafic Hariri de Beirut. “El Ministerio de Salud está dotando a los otros cinco hospitales públicos del país con kits de identificación y habilitando camas”, acota. Este lunes, un número reducido de 50 personas tuvieron que esperar una media de seis horas a las puertas del Hospital Rafic Hariri para atendidos. Unos, como un puñado de militares, habían estado en contacto con un compañero afectado por el virus. Otros, como la joven Fadia, mostraban síntomas y acababan de regresar de Irán.

Hasta este viernes, el 75% de los afectados por la Covid-19 en Líbano llegaron en vuelos procedentes de Irán, foco del virus en Oriente Medio. En el país persa se localizan 8.042 de los 8.600 casos regionales confirmados. Teherán anunció este martes la muerte de 54 personas en un solo día, elevando el balance total a 291 fallecidos. El ministro de trabajos públicos libanés, Michel Nayar, anunció la semana pasada nuevas medidas restrictivas en aquellos vuelos procedentes de países endémicos como China, Corea del Sur, Irán e Italia. Según la circular difundida, tan solo “los pasajeros nacionales y residentes en Líbano procedentes de dichos países serán admitidos en el aeropuerto de Beirut”.

La escasez de divisas en el país amenaza también con agotar las existencias de fármacos. “Hemos agotado todas las reservas que teníamos de máscaras, jabones y geles desinfectantes”, dice Jaled B., dueño de la farmacia Sodecco Square en Beirut. “Y eso que habíamos pedido un paquete extra de máscaras debido a la alta demanda de los manifestantes”, acota en referencia a las protestas que habitualmente son reprimidas por una lluvia de gases lacrimógenos en la capital. Temiendo la propagación del virus, el número de protestas y manifestantes también ha disminuido.

1.5 millones de refugiados sirios

“Si el coronavirus llega a los campos de refugiados será una masacre. El sistema inmune de los refugios es más frágil puesto que reciben una dieta insuficiente desde hace ocho años. Viven en unas condiciones de hacinamiento extremas y por lo tanto muy propicias para la rápida expansión del virus”, sentencia en Beirut el director de una ONG libanesa. “Sin embargo, se trata de una población extremadamente de la población local de acogida”, señala. Líbano es el país con mayor densidad de refugiados del mundo al albergar a 1.5 millones de sirios y cerca de 400.000 palestinos.

En la localidad libanesa de Arsal, frontera oriental con Siria, se hacinan 65.000 refugiados en masificados asentamientos informales. En la de Zahle, a 72 km hacia el interior, más de 100.000. En Sidón, al sur del país, el campo de Ein El Helwe alberga a 70.000 palestinos en apenas dos kilómetros cuadrados de tierra. “Se ha creado un grupo de acción [Task Force] con ONG locales e internacionales liderado por la ONU, la OMS y en coordinación con el Gobierno libanés. Pero hasta ahora, las acciones se reducen a campañas de sensibilización e información sobre las vías de contagio del coronavirus”, acota un trabajador de una ONG europea en Líbano.

Otras ONG locales e internacionales consultadas por EL PAÍS ―que también solicitan el anonimato― coinciden en que, hasta la fecha, no se ha establecido ningún plan de contención a nivel nacional, mientras que las preocupaciones del Gobierno se centran en la población libanesa ―4.5 millones de habitantes― y no tanto en las más vulnerables que suponen los refugiados, unos 1.9 millones.

El coronavirus llega a Siria

Por otro lado, la Covid-19 también se ha extendido a Siria. En concreto, a cuatro provincias en zona gubernamental incluida la capital, Damasco, junto a Tartus, Latakia y Homs”, ha informado este martes el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. “Desconocemos la tasa de mortandad una vez llegue el coronavirus a África o a países en guerra con servicios médicos limitados como Yemen, Libia o Siria”, explica un cooperante europeo en Beirut. La mortandad de la Covid-19 oscila entre el 2% y el 4% en función de las características del país y de su sistema sanitario, según datos de la Organización Mundial para la Salud.

En Siria, y a punto de entrar en el décimo año de contienda, aterrizan a diario vuelos procedentes de Irán ―foco regional del coronavirus— y país cuyos cuerpos de élite lideran varios de los frentes en el actual epicentro de la guerra situado en la provincia siria de Idlib, al noroeste del país. Allí luchan también medio millar de milicianos libaneses del partido-milicia Hezbolá, otros 5.000 soldados turcos y unos 3.000 yihadistas extranjeros.

“Si llega aquí [por el coronavirus], será una hecatombe”, sentencia Jalid Zafiri, padre de cinco a los 42 años y desplazado en el asentamiento informal de Atmeh, en la frontera de Idlib con Turquía en la que se agolpa medio millón de desplazados huyendo de bombardeos y combates. “Aquí las condiciones de higiene son mínimas. Si llega el virus, solo Alá podrá ayudarnos”, acota Zafiri.

“No hay plan de contingencia, ni medios para contener al coronavirus en Siria”, admite un médico desde un hospital de Idlib apoyado por ONG internacionales. “Hay cientos de personas en constate movimiento, lo que aumenta exponencialmente los riesgos de contagio y son tres millones de habitantes en esta comarca”, lamenta.

Al noreste del país, más de 100.000 mujeres del ISIS y sus hijos ―tres adultas y 19 menores españoles― se hacinan en campos controlados por milicias kurdo-sirias aliadas de la coalición internacional de la que España forma parte. Las autoridades locales han anunciado el cierre de la frontera nororiental de Siria con Irak al paso de civiles durante dos semanas para evitar el contagio del virus.