Una mujer y una niña pasan por delante de un colegio electoral en París.
Una mujer y una niña pasan por delante de un colegio electoral en París.PHILIPPE LOPEZ (AFP)

China enfrentó el desafío de ser el primer país que decretaba medidas extremas para contener la expansión del coronavirus e Italia se ha convertido en la primera nación europea en dictar la cuarentena para todos sus ciudadanos. El reto que afronta ahora su vecina Francia tampoco es menor: celebrar elecciones municipales, este domingo, en tiempos de la expansión de una enfermedad hasta hace poco desconocida y que ha obligado a adoptar medidas extraordinarias, si bien el presidente, Emmanuel Macron, se niega a posponer el proceso electoral.

Cierto es que hay una experiencia previa: también Israel convocó elecciones legislativas, a comienzos de mes, a pesar de que el temor al coronavirus empezaba a expandirse. Pero no estaba tan difundido como en Francia, que ha sido uno de los primeros países afectados por la Covid-19 fuera de Asia: registró el primer contagio en Europa y también la primera muerte del continente, ya van 33 en el país.

En cuanto los casos empezaron a multiplicarse, numerosas voces cuestionaron la conveniencia de mantener la doble cita electoral, sobre todo porque algunas zonas están en cuarentena por la explosión de casos. Las dudas se reavivaron cuando se prohibieron en todo el país las reuniones masivas en recintos cerrados, primero las de más de 5.000 personas, reducidas ahora a un máximo de 1.000. Esto ha llevado a candidatos como la socialista Anne Hidalgo a cancelar su último mitin en París o a su rival conservadora Rachida Dati a reducir el aforo de su acto final capitalino. El miedo a un contagio ha limitado también los habituales gestos de campaña de los candidatos, desde pasearse por mercados a dar la mano o la clásica bise, los dos besos de saludo franceses.

Pese a que el coronavirus ha llegado incluso al Gobierno, con al menos un ministro y un alto funcionario en cuarentena, Macron mantiene las elecciones, asegurando que con ciertas medidas de precaución pueden celebrarse sin problemas. Pero afronta un doble desafío para que la cita no se convierta en un nuevo cuestionamiento de su gestión. Por un lado, garantizar que los 70.000 centros electorales que abrirán entre 10 y 12 horas este domingo y el próximo para que los más de 44 millones de ciudadanos con derecho al voto lo ejerzan, no se conviertan en un nuevo foco de contagio.

Y luego está el peligro de la abstención. No es una cuestión banal. Las elecciones municipales son clave en el contexto francés, muy convulso tras las protestas por la reforma de pensiones y, aún antes, por las de los chalecos amarillos. Constituyen, sobre todo, un termómetro ante las presidenciales de dentro de dos años. Pero ¿cuán fiable será ese medidor si la abstención se dispara? Según el instituto demoscópico Ifop, el coronavirus podría provocar una abstención del 28%. Una cifra nada desdeñable, sobre todo si se convierte en un factor que se suma a las tradicionales razones por las que los electores no van a las urnas, que ya provocaron una cifra récord de abstención de hasta el 37,8% en las municipales de 2014.

“Votar no es un peligro”, ha insistido esta semana el ministro del Interior, Christophe Castaner, encargado de la organización de las municipales. “Tenemos en cuenta la situación de la Covid-19 y actuamos en consecuencia. Tomaremos todas las medidas necesarias y deben saber que podrán votar el 15 y el 22 de marzo con total tranquilidad”, aseguró al lanzar las instrucciones para “garantizar la celebración del escrutinio y asegurar la protección sanitaria tanto de electores como de los responsables de las operaciones en los colegios electorales”.

Entre otras medidas, se deberá limpiar con lejía los centros electorales antes y después de cada escrutinio. Tendrán que contar con “puntos de agua” y gel antibacterial para que todo el mundo pueda lavarse las manos, conforme a las instrucciones básicas de prevención que preconiza el Gobierno y que deberán estar bien visibles en todos los colegios. Estos además deberán estar dispuestos de tal forma que “en cada etapa” de la votación el elector pueda “mantener una distancia suficiente, de alrededor de un metro”, respecto a las otras personas presentes.

El Gobierno recomienda además a los votantes acudir con su propio bolígrafo “de tinta indeleble azul o negra” para marcar las papeletas y que, allí donde se disponga de máquinas de votación, estas sean limpiadas “cada media hora”. Para quienes acudan con mascarilla por miedo a un contagio, una advertencia: solo se les permitirá votar si son “identificables a pesar de la mascarilla”. Si no es así, el votante deberá quitársela para que se confirme su identidad y, en caso de que la persona afectada se niegue, “no podrá votar”.