El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en el Parlamento en Moscú, este martes.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en el Parlamento en Moscú, este martes.Pavel Golovkin (AP)

Por fin quedó claro el objetivo clave de la reforma constitucional iniciada por Vladímir Putin. El presidente ruso quiere conservar la posibilidad de quedarse en el poder en 2024, cuando concluye su último mandato, de acuerdo con la Ley Fundamental que ahora se altera.

La mayoría de los observadores intuían este fin, pero no sabían de qué instrumentos se valdría el antiguo agente de seguridad ducho en esquemas conspirativos de muchos registros. Putin actuó como un prestidigitador que saca un conejo de un sombrero, pero el truco, esta vez, estaba poco elaborado y se le veían los hilvanes, aunque los propagandistas del Kremlin, como en época soviética, se esforzaron por presentar el espectáculo como resultado de las “numerosas peticiones” formuladas desde la sociedad rusa.

Durante la elaboración del texto constitucional, la primera mujer cosmonauta, Valentina Tereshkova, no tuvo grandes cosas que decir en la Duma Estatal. Sin embargo, la disciplinada dama apareció en la sesión plenaria de ayer con una propuesta para dar a Putin la posibilidad de permanecer en el cargo actual tras la reforma. Poco después de que Tereshkova leyera el papel que había traído, el jefe del Estado irrumpió en la sala de plenos, provisto también de un papel del cual leyó un texto preparado. Contrapuso Putin la estabilidad (es decir la que supuestamente proporciona su mandato tal como él lo ve) a la vulnerabilidad de Rusia (derivada según sus razonamientos de los riesgos que la acechan, desde los precios del petróleo al brote de coronavirus pasando por las aviesas intenciones de sus adversarios exteriores y las secuelas de la desintegración de la Unión Soviética).

Con sospechosa modestia, el jefe del Estado se mostró dispuesto a considerar la posibilidad de competir por el cargo de presidente en 2024, si así lo permite el Tribunal Constitucional y lo apoya el pueblo. El texto constitucional aprobado por la Duma en segunda lectura supone hacer tabula rasa para quienes ya fueron presidentes de Rusia (Putin y Dmitri Medvédev) y no computarles el tiempo que ya ejercieron el cargo, es decir, si el Constitucional lo aprueba, para ambos comenzaría en 2024 una nueva contabilidad a partir de cero y ambos podrían acogerse a la norma general de dos mandatos (que se conserva) como si jamás hubieran sido presidentes.

Como prestidigitador, el presidente ruso parece haber recuperado el factor “incertidumbre” (renovar o no renovar el cargo en 2024), que puede serle útil, porque así deja de ser visto como “el que se tiene que ir”. Pero mientras Putin saca conejos del sombrero, en el patio de butacas del recinto donde actúa, una parte de los espectadores, cansados de trucos reiterativos, se durmió o acabó charlando con algún vecino. Otros abandonaron el teatro y algunos hasta se atrevieron a silbar.