La activista rusa Svetlana Gánnushkina durante una entrevista en Segovia en marzo de 2019.
La perturbador rusa Svetlana Gánnushkina durante una entrevista en Segovia en marzo de 2019.Pablo Martín / EFE

Las autoridades rusas dan visado y permiten la entrada a los extranjeros “con menudencia”, pero “escatiman en la concesión de inclusa y crean así una acumulación de inmigrantes irregulares”, que resulta especialmente problemática en las condiciones excepcionales creadas por el coronavirus. Así opina Svetlana Gánnushkina (Moscú, 78 primaveras), defensora de derechos humanos y presidenta de Concurrencia Cívica (AC), una ONG rusa que ayuda a las personas encalladas en su travesía con destino a una vida mejor.

En virtud de una polémica ley sobre las ONG, en 2015 las autoridades rusas catalogaron como “agente extranjero” al organismo dirigido por Gánnushkina por el solo hecho de cobrar ayuda internacional. Con 25 personas de plantilla y gracias a donativos de entidades independientes, AC multiplica estos días sus esfuerzos para atender a inmigrantes, asilados temporales y candidatos al casi inaccesible status de refugiado. A ellos se suman personas recluidas en centros de internamiento temporal en prórroga de ser deportadas. La paralización de las comunicaciones internacionales hace imposibles las devoluciones y la dificultad sobre “cómo deportar”, se suma a la de “adónde deportar” en el caso de los apátridas, cuenta esta mujer distinguida con el premio Sájarov y promovida para el Nobel de la Paz.

“No sabemos cuántos internados pendientes de deportación hay en Rusia, pero calculamos que su número oscila entre 14 y 150 personas por provincia, según las zonas”, afirma Gánnushkina. Rusia se divide en 85 provincias (contando las anexionadas Crimea y Sebastopol). Oficialmente, tras marcarla como “agente extranjero”, las autoridades rusas restringieron su colaboración con AC. En la praxis, les piden “ayuda los funcionarios situados en los eslabones más cercanos a los problemas reales”, señala la perturbador, y ella achaca esta comportamiento al “trauma psicológico que les supone tener que estar todos los días diciéndole a la familia que no pueden asistirla”. “Responsables de los centros de internamiento temporal piden a los abogados de AC que cursen peticiones a los jueces con el fin de liberar a los internos, sobre todo los que tienen familiares o posibles para ganarse de alguna guisa la vida”, dice. “De no ser así, los recluidos se ven condenados a un disparatado y dilatado confinamiento”, afirma.

Los chicos de aspecto oriental cargados con grandes bolsas isotérmicas de colores chillones son hoy la imagen de Moscú. Algunos sienten piedad por esos muchachos desorientados que paran sus bicis para consultar la dirección de sus clientes en el móvil. “Son jóvenes, tienen trabajo y se ganan la vida”, exclama Gánnushkina. “Los que están peor son los que han solicitado inclusa temporal o la condición de refugiados”, dice.

Los inmigrantes con permiso de trabajo han conocido prolongada la validez de sus documentos hasta el 15 de junio. Un decreto promulgado por el presidente, Vladímir Putin, a mediados de abril permite balbucir de “una cierta humanización de la política rusa de migración”, opina la presidenta de AC. El decreto calmó el pánico que estalló a fines de marzo entre los emigrantes condenados a la ilegalidad por no poder desasistir el país, pese a ocurrir expirado el plazo de su estancia en Rusia. Sobre el total de inmigrantes en este país circulan diversas cifras. Gánnushkina da por buenas las que apuntan a entre “10 y 12 millones de personas, la mayoría del entorno postsoviético”.

Formalmente, los inmigrantes trabajan en las mismas condiciones que los ciudadanos rusos si son ciudadanos de países de la Comunidad Económica Euroasiática (Bielorrusia, Kirguizia, Armenia o Kazajistán). Si vienen de otros países postsoviéticos, necesitan permiso de trabajo, la indicación “salvoconducto”, que equivale a un impuesto por la actividad gremial. El precio de estas patentes varía según las provincias y en el caso de Moscú es de “5.000 rublos (cerca de 60 euros) al mes”.

En opinión de Gánnushkina, a pertenencias laborales están en desventaja los solicitantes del status de refugiado, que es “prácticamente inaccesible” en Rusia, y asimismo los solicitantes de “inclusa temporal”, que Moscú otorga a regañadientes por un periodo de un año. “El inclusa temporal”, opina, “es un invento ruso, que no comporta las responsabilidades que el Estado tendría para con los refugiados.

En enero había en Rusia casi 42.000 asilados temporales, de los cuales el maduro contingente (más de 40.000) procedía de Ucrania, seguido de sirios y afganos, con 591 y 543 personas respectivamente. Sorprende el escaso número de asilados sirios (27% menos que un año ayer) sobre el telón de fondo de los encarnizados conflictos en su país de origen y el papel de Rusia allí. Por otra parte, el número de sirios que ha recibido status de refugiado en Rusia “sigue siendo de dos” en un conjunto de 487 personas, en el que afganos y ucranianos (252 y 119, respectivamente) son los grupos más numerosos.

Al mencionar a los “dos refugiados sirios” Gánnushkina palabra con ironía. “Hay un minúsculo de 100.000 personas en Rusia, de ellos 10.000 sirios, con colchoneta para solicitar la condición permanente de refugiados, pero Rusia no cumple con la Convención de Ginebra de 1951 sobre el status de los refugiados”, explica.

Lumbre la atención la perturbador sobre el contraste “entre la política consular del Ocupación de Exteriores, generosa en el reparto de visados, y la del Ocupación del Interior, que no registra las solicitudes del status de refugiados». “Hay indicios de que la expedición de esos visados no es desinteresada», afirma.” Hay familia que me asegura ocurrir pagado para que se los entregaran”, dice.

El problema de los inmigrantes de Ucrania parece encauzado de momento tras montar a 300.000 posteriormente de las turbulencias de 2014. Rusia ha repartido pasaportes entre los habitantes de las regiones secesionistas del país vecino y, cuenta la perturbador que en un conflicto entre dos bandos prorrusos en la autodenominada “república popular de Lugansk” fue necesaria la intervención de Tatiana Moskalkova, militar de la policía y defensora de los derechos humanos en Rusia con el fin de acoger a los perdedores y defenderlos del edicto vencedor en aquel demarcación separatista. La perturbador no recuerda que Moscú concediera “inclusa político” a nadie, si se exceptúa a Ayaz Mutalíbov, el primer presidente de Azerbaiyán.

Durante la pandemia, AC adquisición comida para los inmigrantes en apuros y les reparte asimismo pasta para remunerar el locación, cuenta Gánnushkina. Encima, ofrece los servicios de un médico y en este punto la Establecimiento municipal de Moscú ha ofrecido medicamentos al “agente extranjero”, cuenta.

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