Una pareja se besa en la Piazza Navona de Roma.
Una pareja se besa en la Piazza Navona de Roma.MARCO IACOBUCCI / IPA / GTRES

El coronavirus ha venido de donde venga a jodernos vivos. Nos ha arrebatado a los que más queríamos, nos ha quebrado la bolsa y la vida, ha puesto patas arriba nuestros usos y costumbres y nos ha inoculado el miedo al otro hasta la médula. Recién salidos de las peores semanas, en las que bastante teníamos con llorar a los muertos, salvar enfermos y mantenernos alejados del prójimo como si apestáramos, muchos de quienes dormimos solos no habíamos caído en que el virus se nos ha metido también en la cama expulsando a posibles terceros, ya sean habituales, eventuales o fijos discontinuos. Quienes…